Después de varias sesiones de spinning en el gimnasio por fin me animé y cogí una bici de montaña y enrumbé hacia Calblanque sin saber muy bien con qué me iba a encontrar. Pues me encontré con una de las experiencia deportivas más divertidas que he vivido. Sobre todo al momento de descender una pendiente. La sensación conlleva una mezcla de adrenalina, libertad y concentración. Esta última, imprescindible, pues una piedra en el camino puede malograr toda la jornada (o todo el mes, o tal vez todo el semestre, nunca se sabe hasta dónde puede llegar una lesión producto de una caída en la bici). Hay que tener cuidado y tener en cuenta que pueden aparecer caminantes con sus perros u otros muchos imprevistos: ramas, charcos resbaladizos tras las lluvias o piedras de tamaño considerable. El casco es indispensable. Hay quien en las subidas se lo quita y no hacen más que cometer un error. Además, también sirve para protegerse del sol. Lo ideal es usar el más ventilado posible.
En Calblanque hay varias buenas rutas. De hecho, es un lugar en el que se puede comenzar a pedalear sin tener un trazado definido. Es recomendable evitar los acantilados estrechos. Muchos consideran peligrosa la ruta Cala Reona/ Cala Dorada si no se tiene la experiencia debida. La ruta que seguí en mi primera jornada (y que he repetido varias veces) fue la siguiente: desde la rotonda de Cala Reona cogí la vía de servicio que va paralela a la autovía; unos 200 metros pasado la Trips hay un camino de tierra que lleva a una casa; allí comienza una ruta que te lleva hasta la altura de la depuradora; como referencia, pasada la depuradora existe un recinto de abejas a un lado del camino; la primera etapa finaliza con una cuesta muy pronunciada que te mete al otro lado de Calblanque. Finalizada la cuesta comienza un descenso muy largo y espectacular. Termina prácticamente en la playa. Esa es la primera parte de la ruta, luego queda subir la cuesta de salida.
Esta entrada también está disponible en: Inglés












0 Comentarios
Se el primero en comentar