Publicado el 08 de septiembre de 2011 – Edición en papel Nº 57
Imagine 840 campos de fútbol juntos. Pues esa es la superficie calcinada en la Sierra de Atamaría tras un incendio que se presume provocado. ¿Porqué? ¿Quiénes lo hicieron?. Hoy estas preguntas son de imposible respuesta. Lo único claro que ha quedado de esta tragedia medioambiental es la indignación y la tristeza que produce el recorrer la zona.
No cabe duda que el incendio en la Sierra de Atamaría ha sido el episodio más triste del verano. La imagen que desde las alturas urbanizadas del campo de golf se ofrecía la mañana del 19 de agosto resultaba imposible de creer. Es un espectáculo lamentable para el ojo humano apreciar como un vasto territorio protegido es pasto del fuego. El humo se perdía en el horizonte y a pesar de la claridad de la mañana y de las ya varias horas de combate contra el fuego aún podía divisarse grandes llamaradas que cada cierto tiempo volvían a ganar altura para devorar un nuevo grupo de pinos. Para entonces el incendio ya había cumplido cerca de 10 horas. Dos mil personas residentes en Portman ya habían sido desalojadas de sus viviendas. El peligro de lamentar daños materiales había bajado la guardia y el riesgo solo se cernía sobre los hombres que a pie de monte intentaban controlar el fuego. Lo hicieron, afortunadamente, sin percances que lamentar.
Al final del día el recuento material: sólo una vivienda quemada. Pero aún quedaba contabilizar la inmensa tragedia medioambiental que en tono gris, casi negro, rodeaba todo un espacio que pcas horas antes era todo verde. ¿Y ahora qué? es la pregunta que desde esa misma tarde ha quedado flotando en el ambiente.
¿Quién? y ¿cómo?
El hecho que haya soplado Levante durante varios días consecutivos no es determinante para asegurar que el causante del fuego esperó al momento adecuado. El viento también podría haber ayudado a propagar un incendio accidental. Lo determinante es el hallazgo de una tela arpillera envuelta en cientos de largas cerillas (las que algunos utilizan para encender barbacoas).El artefacto fue hallado totalmente calcinado a unos 800 metros de La Manga Club. Los restos han sido enviados a Madrid para un análisis minucioso. La Guardia Civil investiga, también, huellas de un vehículo sospechoso. Si se confirma intencionalidad, el (o los) causante(s) pueden enfrentarse a penas mínimas de diez años en prisión.
¿Porqué?
Rápidamente, mientras se quemaban los montes de Atamaría, la opinión pública desechaba la motivación urbanística como causa del incendio. Y es que ocurre que desde hace varios años que por Ley es imposible urbanizar terrenos afectados por incendios forestales intencionados. De hecho, es probable que el Ayuntamiento de Cartagena deba retroceder en los planes de recalificar Huerta Calesa, uno de los pocos parajes desprotegidos afectados por el fuego. El porqué sigue siendo entonces una incógnita. Greenpeace, en un estudio publicado hace cuatro años, presenta a la figura del pirómano como muy remota y de poca incidencia en la influencia de los más recientes incendios forestales de España.
¿Y ahora qué?
Y ahora lo que queda por hacer es solicitar dinero a los fondos Feder para iniciar un plan de reforestación. Plan, que a su vez, viene generando diversas especulaciones sobre el momento adecuado para ser iniciado. Algunos especialistas aseguran que es mejor dejar que la propia naturaleza de el primer empujón. Si bien el aspecto apocalíptico que hoy ofrece la zona amainará tras un relativo corto tiempo, el esplendor y la plena salud de esos montes no se recuperarán pasados, se calcula, unos diez años.
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